¿A QUIÉN LE IMPORTA EL AGUA?

 

Raúl Viñas

Parece que fue hace mucho, pero hace sólo un poco más de tres años, en 2023, el agua en Montevideo era salobre, Minas era abastecida por camiones y faltó agua en San José, Nueva Helvecia, 25 de Mayo y otras localidades del sur del país.


En ese momento, el agua ocupaba un lugar preponderante en las encuestas sobre temas de preocupación para los uruguayos. Ya al año siguiente, en ocasión de las elecciones nacionales de 2024, en esas mismas encuestas no aparecía el agua entre los temas que preocupan a los uruguayos.

Que el tema no sea ahora “preocupación” de los uruguayos no elimina el problema que es uno de salud pública, de seguridad, de educación, ambiental y económico.

Situación actual

Si nos centramos en Montevideo, el sistema metropolitano de abastecimiento de agua, tiene capacidad de potabilizar diariamente 700.000m3 y tiene en Paso Severino, en base a una cuenca de más de 2.500Km2, reservas suficientes para satisfacer la demanda actual de 600.000m3 diarios por más de 100 días, reserva que se incrementa en 20 días con la reserva del Canelón Grande.


En 2020, antes de sequía, por una iniciativa privada, se planteó la posibilidad de sumar otra potabilizadora para incrementar la capacidad de potabilización en 200.000m3 diarios. Esa instalación, cuyo contrato se firmó en enero de 2025, se planteó en Arazatí, con un costo superior a los novecientos millones de dólares. A partir de modificaciones al contrato, observadas por el Tribunal de Cuentas, en marzo de 2026 se dispuso construirla en la zona de la actual planta potabilizadora de Aguas Corrientes.

Los costos de estas obras, financiadas por las constructoras y que incluyen pagos por mantenimiento, serían superiores a los setecientos millones de dólares, un costo menor al de Arazatí, pero que implica un incremento de ganancias para las empresas constructoras del 13% al ser las obras ahora contratadas de menor valor.

La financiación privada implica una tasa de interés efectiva anual cercana al 18% anual, muy superior a las del mercado y que podría configurar usura.

También se ha planteado la necesidad de incrementar las reservas del sistema de potabilización, con una nueva represa sobre el arroyo Casupá, cuya cuenca no llega a los 700Km2 y es la de menos caudal específico entre las subcuencas del Santa Lucía.

La tasa de interés de la obra, negociada con la CAF, no alcanza el 6% anual.  

Falacias

Las bases para impulsar esas multimillonarias obras son tres falacias que no por ser repetidas más de mil veces se convertirán en realidades. 

La primera es que: OSE pierde el 50% del agua que potabiliza

Esa frase ha sido repetida por los miembros de los sucesivos directorios de OSE desde hace décadas. Esa vergonzosa aseveración calmadamente aceptada por todos, es parcialmente cierta a nivel nacional, pero esconde diferencias como que en Montevideo el porcentaje de pérdidas es mayor y en otros lugares como Maldonado las pérdidas son inferiores al 30%.

 
La segunda es que: Montevideo CONSUME 600.000m3 de agua diarios

El sistema metropolitano no consume ese volumen de agua. De acuerdo con informes de Naciones Unidas el consumo humano es del orden de 130 litros por día y en Uruguay la URSEA cuantifica el consumo diario entre 90 y 150 litros por día.


Siendo 1.8 millones los usuarios del sistema metropolitano, el consumo del sistema no debiera superar 270.000m3 diarios y si asumimos un nivel de pérdidas similar al de Maldonado la demanda del sistema no podría superar los 370.000 metros cúbicos diarios. Montevideo, sin consumir esa agua, igualmente la demanda del río Santa Lucía debido al alto porcentaje de pérdidas del sistema.

La tercera es que: Las obras son necesarias por el crecimiento demográfico del área metropolitana.

Esa fue la razón citada en los estudios de Aguasur de 2013, en base al censo de 2011, pero el censo de 2023 y las estimaciones a 2050 y 2070 muestran un panorama de decrecimiento de población en el área metropolitana


¿Y la red de OSE? Bien, gracias

En Montevideo, de acuerdo con declaraciones del Contador Ferreri, presidente del Directorio de OSE, la red que se extiende por casi cuatro mil kilómetros aún tiene 30% (1200Kms) de caños de hierro del “tiempo de los ingleses” y 20% (800 Kms) de fibrocemento, material prohibido desde 2003. Las pérdidas técnicas son de al menos 35% y la subfacturación y robos de agua potable suman a las pérdidas otro 15%.


Considerando la realidad demográfica y la insostenible situación de las pérdidas de agua “potable”, agua cuya potabilización requirió procesos de bombeo, filtrado y tratamientos químicos, con gran costo para OSE, lo más racional es reducir esas pérdidas mediante medidas de reparación y control de la red.

Alineando la demanda al consumo real y racionalizando el sistema, no se necesitan ni nuevas potabilizadoras ni incrementar las reservas con nuevas represas

Para ello es imprescindible invertir en la mejora y control de las redes. Ose tiene desde hace veinte años un programa de Reducción de Agua No Contabilizada (RANC) para realizar esta tarea, cuyo presupuesto nunca estuvo a la altura de las necesidades.

La propuesta

Desde MOVUS se ha presentado una iniciativa para la reducción de las “pérdidas” del sistema que pasa por sectorizar la red de distribución y establecer en cada sector la medición general automática y en tiempo real. Eso posibilitaría detectar de inmediato pérdidas y poder evaluar en cada ramal las diferencias entre el agua ingresada en el sector y la suma del agua facturada en el mismo.

Ante la detección de diferencias entre la medición y facturación se plantea la revisión sectorial intensiva de la red mediante inspecciones, utilizando entre otras la tecnología del georadar para detectar pérdidas subterráneas e incluso posibles conexiones carentes de medición.

A posteriori se debiera procurar llevar los sistemas automáticos de medición a los usuarios finales, un esquema similar el desarrollado para los sistemas de medición de UTE.

Respecto al costo del proceso, la iniciativa privada de 2021, que pretendía privatizar tareas ya definidas por OSE, planteaba un costo de casi cuatrocientos millones de dólares en 10 años. Sobre ese costo se tiene que considerar que la reducción de pérdidas tendría efectos inmediatos en la disminución de la demanda de agua al río Santa Lucía, disminuyendo así el costo de potabilización. Por otra parte el control de la red incrementa la facturación y, la conjunción de esos dos factores, mejoraría la situación económica y financiera de OSE, permitiendo inferir que el programa RANC del organismo podría autofinanciarse después de los primeros 4 o 5 años de un horizonte de operación de 10.
  
Además de los efectos económicos, reducir la demanda tiene un impacto positivo sobre el ambiente, al reducir el uso de las sustancias químicas que se utilizan en el proceso de potabilización y generar menores volúmenes de lodos contaminados.

Alinear demanda y consumo permitiría reducir en más de 35% el volumen de agua que se extrae del rio Santa Lucía, lo que desde el punto de vista operativo implica que la reserva de Paso Severino, hoy suficiente para 110 días, sería suficiente para 170 días, algo más de 200 si sumamos Canelón Grande.

Conclusión

El programa de OSE de reducción de agua no contabilizada es la mejor inversión de esfuerzo y dinero, la más rentable y la ambientalmente más positiva.

La construcción de una nueva potabilizadora, que hoy no se necesita y que no se justifica al hacerse junto a la actual, es un despilfarro que no podemos permitirnos. Esa potabilizadora en Aguas Corrientes ni siquiera contempla las recomendaciones de incrementar la seguridad del abastecimiento agregando capacidad potabilizadora distribuida. La primera prioridad debe ser la de que el sistema funcione eficientemente, haciendo uso racional y justificado del agua. Es sobre esa base que se debe plantear cualquier futuro desarrollo.

No se justifica generar ahora una nueva reserva de agua, con los costos e inconvenientes que conlleva todo nuevo embalse. Racionalizando el consumo del sistema, las actuales reservas de Paso Severino y Canelón Grande serían suficientes para cubrir la demanda por un lapso similar al que se propone alcanzar, con la demanda actual, sumando Casupá.

Así, la ejecución del plan RANC para alinear la demanda al consumo y el consumo a la facturación, tienen la ventaja de que su ejecución genera beneficios inmediatos.

Se incrementa la seguridad y resiliencia del sistema, reduciendo los costos e incrementando la facturación al punto que el plan se puede autofinanciar con la combinación de incremento de facturación y reducción de costos con grandes beneficios ambientales.

Lamentablemente el programa de Reducción de Agua No Contabilizada (RANC) para Montevideo tiene asignado un presupuesto de cero pesos para el período 2026-2030.

¿Y la economía? 

Se dice que OSE enfrenta “enormes problemas financieros”. Así resulta difícil comprender cómo un directorio con restricciones económicas decide proceder con la construcción de una nueva potabilizadora cuyo costo inicial es de 213 millones de dólares, pero por la cual terminarán pagándose más de 700 millones en pagos trimestrales que superan los 40 millones anuales (reajustables) durante 17 años y medio y le suma el costo de la represa de Casupá con pagos anuales de más de 12 millones.

Ninguna de esas obras genera mejora alguna en la distribución de agua ni tiene efecto en la reducción de las pérdidas. Tampoco incrementan de manera alguna la recaudación del organismo sobre el que se convierten en pesadas cargas financieras incrementando además los costos operativos.

Con las obras contratadas, OSE solo tiene dos caminos posibles para hacer los pagos de esas inconvenientes e innecesarias obras: que se le transfiera dinero de rentas generales o incrementar las tarifas de los que pagamos por el agua. En contraposición a esto el efecto económico de reducir las pérdidas de la red a niveles internacionales significaría un incremento de la facturación de OSE de al menos 50 millones de dólares anuales generando la capacidad financiera de realizar obras por “obra pública”, sistema mucho menos oneroso que la Participación Público Privada (PPP) o las redescubiertas "iniciativas privadas" que son para las empresas constructoras un gran negocio financiero.

¿Qué harías en tu casa si tienes una pérdida de agua?

Seguramente tratarías de repararla o llamarías a un sanitario para que lo haga.

Difícilmente contratarías un segundo servicio de OSE para que entre más agua a la casa y sería muy extraño que decidieras colocar un tanque de agua en el techo para poderte bañar a pesar de la pérdida.

Bueno, eso hace OSE al poner una nueva potabilizadora y una represa.