Por R. Líster
La recolección de firmas contra la LUC ha finalizado con un éxito rotundo y sorprendente para sus propios auspiciantes, generando un inesperado trauma en el decurso de la actual gobernanza y promoviendo, desde ya, una nueva “(a) normalidad” desde el punto de vista político y social. Muy pocos aguardaban este resultado, al socaire de una gran aceptación pública en la gestión que, se dice existe, de la presidencia y de la pandemia de acuerdo a la versión del oficialismo.
Tomando como hipótesis que el referéndum será más que probable se debe considerar que el tiempo político – nueve meses hacia adelante- será diferente: la pandemia podría haber llegado a su final y la economía del año próximo, cuya nota de aprobación hoy báscula de regular hacia abajo, puede definir la última palabra frente a una decisión del ciudadano que, llegado el caso, debe ponerse al tanto por lo menos de los 135 artículos que se pretenden derogar. Una encuesta realizada por Factum muestra un fuerte descontento con la situación económica con evidencia empírica en los seguros de paro y el desempleo abierto, lo que significa un contrapeso a esa buena impresión que se adjudica el gobierno. Si bien se descuenta que la LUC fue pergeñada con el objeto y fin de ser aprobada sin controversias por un elenco ya comprometido de antemano a ello, esto también puede constituir un serio escollo para su comprensión debido a la complejidad de su trama y al lenguaje “doctoral” que inhibe una asimilación rápida de sus contenidos acondicionados apretadamente dentro de un conjunto de “chiches” tecnológicos donde se hallan respuestas rápidas a prácticamente cualquier interrogante. El solo hecho de leer semejante mamotreto mientras se paladea un café de sobremesa, se parece más a una epopeya intelectual para pocos elegidos. Pero en política la casualidad no está permitida.
Pensando a priori en una respuesta proveniente del campo popular, que los hacedores de la LUC creyeron apropiado incluir en el “combo” y desde el principio -sin dar lugar a estudios académicos, opiniones autorizadas, y la participación de los sectores sociales afectados- un arsenal de propuestas que podía inhibir cualquier tipo de crítica puntual y eventualmente dar por sentado que sería virtualmente imposible cualquier intento de derogación desde el punto de vista legal y constitucional dada la vastedad temática y la intrincada madeja de proposiciones que abarcan un universo complejo de la institucionalidad nacional. Recordando a título de ejemplo el intento de reforma privatizadora que quiso llevar adelante Lacalle padre y que luego sería desarticulada por paliza, los autores de la LUC buscaron simular un consenso general dando un breve plazo de 90 días para discutirla y efectuar aportes cuando el galimatías jurídico y de objetivos predecía un debate de un año como poco. El gobierno y sus socios nunca se propusieron una disputa política en serio respecto a esta ley-ómnibus, que dicho sea de paso, y según varios juristas de peso, no contiene ningún contenido que amerite ser considerada como de “urgencia”. El foco estaba dispuesto en un cambio solapadamente privatizador mediante un discurso que “enfatiza” lo colectivo, el trabajo, y la salud, en un tinglado cuyo escenario de fondo ha sido el encontronazo con un virus inédito “travestido” en una perfecta cortina de humo para cambiar la paramétrica ideológica gestionada por el elenco frenteamplista durante 15 años en puntos fundamentales que chocan de frente con el otro mostrador: el liberalismo conservador.
Al menú debe agregarse las discrepancias que el sector CA, y algo del PC, mantiene con el Ejecutivo, cómo impacta ese hecho en sus respectivos votantes, y que deja flotando nubarrones pesados para la futura contienda, en la medida que haya algún acuerdo con el cuestionamiento de algunos artículos y se decida apoyar el referéndum para marcar la cancha de los próximos comicios presidenciales: según Manini Ríos, Cabildo apoyará desde el vamos la vigencia de la LUC, lo mismo ha expresado Sanguinetti desde el PC En otro plano, y yendo a la calesita política, el liderazgo del ex comandante estará en juego apoyando la LUC en caso de que el plebiscito sea mayoritario al NO, y le dará nuevos bríos si el resultado es favorable, por lo que Manini deberá hacer un profundo balance de lo actuado y salir a la palestra con una discurso prefabricado, intentando silenciar las numerosas discrepancias que ha tenido con el Ejecutivo, y que los distintos cargos otorgados a Cabildo en la administración han abonado para cumplir con este nuevo y riesgoso compromiso. A la fecha El P.Colorado carece de líderes consolidados y será posiblemente uno de los más castigados en caso de que la LUC sea derrotada.
Los últimos sondeos de opinión pública muestran aún un elevado rating en la aprobación de la gestión presidencial, aunque la excesiva confianza en números estadísticos focalizados puede generar un falso augurio de éxito en el referéndum consultivo. Tarea para adivinos y oráculos puede considerarse asimismo una lectura certera del ánimo que tendrán los ciudadanos para esa fecha tardía de 2022 al cumplirse 2 años de la nueva gobernanza de centro-derecha. Tampoco puede tomarse en cuenta una futura aprobación de la LUC como certeza de una repetición del mismo color de gobierno para 2025 ya que experiencias anteriores han demostrado que un buen posicionamiento en las encuestas de opinión política no significa un traslado lineal a ganar la próxima elección. Como se sabe, el PN es quien lleva todo el peso de la responsabilidad política y podrá ponerse o sacarse esa mochila en cuanto se sepa el resultado del referéndum, por lo que su futuro eleccionario pende de un “delgado” hilo, esto dicho sin ningún eufemismo.
Si se puede estar seguro de algún argumento analítico, lo que viene sería calificado de total incertidumbre en vista que la propaganda a favor y en contra de la LUC comenzaría en breve y estaríamos frente a una suerte de elección anticipada si utilizáramos el concepto maniqueista y simplificador de que votar en contra de la LUC es hacerlo contra el gobierno, y si es a favor sería aprobando la gestión multicolor. Algún vocero oficialista ha encarado el referéndum desde dicho punto de vista y puede presumirse que la discusión andará por esos carriles La realidad comunicacional y los medios muestran una amplísima gama de opiniones y discusiones que no favorecen la información veraz hacia determinados sectores sociales, teniendo en cuenta la dificultad en conocer el verdadero alcance de los artículos de la LUC y sus posibles consecuencias pues no se debe olvidar que se está ante el comienzo solapado de la batalla electoral hacia 2024. El galimatías jurídico es sobradamente incomprensible para muchos miles de ciudadanos y a fuerza de decir lo que se piensa, puede decirse que muchos, muchísimos uruguayos no estarán en las condiciones ideales para tomar una decisión imparcial por ser una ley compleja y en ejercicio cuyos redactores no se han tomado el trabajo de simplificar la redacción y/o utilizar un lenguaje llano para el común de los mortales.
El agregado de las redes sociales no puede ser más polémico para este tipo de acontecimientos donde se dirimen asuntos que interpelan el futuro de la nación y la responsabilidad ética de ciertos dirigentes que hacen de la demagogia una profesión lucrativa: basta escuchar algunos pasajes de los discursos en sala de diputados o senadores. El mundillo fundamentalista de las redes poco aporta para un uso racional de datos y su debate con cierta honestidad intelectual que hoy luce como un artefacto de museo. La continua puesta en escena del oficialismo hablando de un pasado fallido no hace más que aumentar la “grieta” ya existente y a la larga generar un clima de insatisfacción y finalmente de indiferencia ante hechos políticos y sociales de suma importancia. Si es verdad que deseamos una ciudadanía comprometida con su propio bienestar comunitario y que participe de los debates que se promuevan en el foro democrático, sería deseable que los intereses electorales en juego no desdibujen el centro principal de la discusión, aunque se peque de ingenuo. La definición crucial de la recolección de firmas estuvo ubicada precisamente en la militancia cara a cara y puerta a puerta, en un encuentro amistoso y democrático, donde el vecino conocido pudo dirigirse a su homónimo e intentar explicar con datos y conocimiento el por qué y el cómo de las normas y los efectos de su aplicación en la vida diaria. El resultado del próximo hecho plebiscitario estará condicionado seguramente por la misma metodología y el éxito dependerá de una característica propia que nos define, y que es la cercanía con los demás, una vieja y fenecida aspiración social del batllismo en su etapa progresista.
Hoy , la población convive un momento de inflexión histórica: el gobierno puede continuar con su programa completo de aquí al 2024 o se verá forzado a cambiar de rumbo frente a un rechazo eventual de los 135 artículos cuestionados. Un “tour de force” muy complicado para la alianza multicolor cuando, además de la pandemia, el trabajo y los aspectos salariales, deberá dedicar tiempo y esfuerzo en convencer a la población de que la LUC es una propuesta de maravilla y que los recortes presupuestales en la administración, la pérdida salarial, los muertos que se podían haber evitado, la falta de apoyo contundente a los sectores más perjudicados, etcétera, han sido elementos inevitables en una situación anormal derivada de la invasión de un virus maligno enviado por un espíritu de “mala leche”. Se debe distinguir entre discursos y realidades concretas ya que el resultado práctico de las leyes emergentes de la LUC, aún se tomará un tiempo en surtir el efecto deseado---malo o bueno---lo que en consecuencia significa que el tiempo del referéndum será completamente otro del actual y que el azaroso ánimo de los uruguayos podrá consagrarse a aplaudir la gestión o a desacreditarla, proyectando a priori la pérdida de los próximos comicios de la actual coalición y la vuelta del F.A. a la presidencia.